LAS PELÍCULAS SECRETAS (62): POETAS CAMPESINOS

LAS PELÍCULAS SECRETAS (62): POETAS CAMPESINOS

por - Críticas, Las películas secretas
23 Abr, 2020 07:05 | Sin comentarios
Echeverría es legendario en México y en algunas regiones de nuestro continente americano, pero lejos está de ser un cineasta conocido para el gran público. Este film es uno de los tantos que ha hecho sobre la cultura popular de su país.

Poetas campesinos, Nicolás Echevarría, México, 1980

El inicio es magnífico: unos niños de alguna comunidad originaria de México aprenden las notas musicales de Occidente (la música no es necesariamente universal). Repasan la escala más simple del mundo, la del do. El empeño de los profesores es tan amoroso como tenaz. Los instrumentos son de viento, y los sonidos nacen de a poco. Todos esos instrumentos nada tienen que ver con las culturas previas a la llegada de los europeos, pero, como el film sugerirá luego, los habitantes ancestrales de México supieron apropiarse de esos instrumentos sonoros y no solamente aprendieron a interpretar melodías y ritmos llegados de un lugar lejano, sino que también hallaron tonalidades y giros melódicos propios.

Después de ese prefacio, Poetas campesinos se concentra en un espectáculo que tiene lugar durante los festejos celebrados en San Felipe Otlaltepec, en el estado de Puebla. Un comediante, que también recurre a la poesía como forma de comicidad, y un par de niñas equilibristas van sucediéndose en un conjunto de números tan circenses como hermosos. La cualidad de las figuras de los equilibristas se debe a las formas de registro. Echeverría alterna planos muy sofisticados con los que sigue los movimientos de los acróbatas mientras dispensa cada tanto varios planos para constatar la fascinación del público infantil frente a las proezas físicas. Los equilibristas parecen desafiar la ley de gravedad; los espectadores enloquecen frente a esa desobediencia física. A su vez, Echevarría no olvida a la banda que no descansa y mantiene un fondo musical no exento de extrañas melodías, proclives en ocasiones al tono castrense.

Echevarría sabe muy bien lo que busca y por eso encuentra. El propósito es registrar minuciosamente una expresión cultural y popular que poco se asemeja a la celebración de la poesía, la música y la diversión en los centros metropolitanos. Todo parece pertenecer a un varieté, pero la referencia cultural y el contexto son tan disimiles respecto de este universo conceptual, que las performances y los versos exigen una redefinición de lo que se entiende por poesía y circo.

Podría pasar inadvertido un hermoso momento previo a que el film se detenga a seguir el espectáculo recién descripto; en esa misteriosa pausa, se pueden ver las casas de los miembros de la banda musical y algunas fotos que vinculan el espacio doméstico filmado con quien lo habita. Esos instantes son auténticamente antropológicos y amorosos; es ellos, el propio Echevarría consigue que un plano se confunda con un verso.

*Este texto fue publicado en Retina Latina en el 2017. 

Roger Koza / Copyleft 2020