
UNA PELÍCULA SIN EPISODIOS NI PAISAJES (04)
Cuando duermo muchos sueños, salgo a la calle con los ojos abiertos, aún con la huella y la seguridad de aquellos sueños. Y siempre me asombro de ese automatismo mío con que los demás me desconocen. Porque cruzo la vida cotidiana sin soltar la mano del ama astral, y mis pasos en la calle van acordes y consonantes con oscuros designios de mi imaginación de durmiente. Y en la calle voy seguro; no tropiezo; respondo bien; existo.
Pero cuando hay un intervalo y no tengo que vigilar el curso de mi marcha para evitar vehículos o no estorbar a los peatones, cuando no tengo que hablar con alguien ni pesa en mí el tener que transponer una puerta cercana, me largo de nuevo por las aguas del sueño, como un barco de papel, y de nuevo regreso a la ilusión agónica que entibiara mi vaga conciencia de la mañana que nacía […].
Y entonces, en plena vida, es cuando el sueño gana grandes salas de cine. Voy por una calle irreal de la Baixa y la realidad de las vidas que no hay envuelve, con cariño, mi cabeza con un turbante blanco de reminiscencias falsas. Y así navego, en un desconocimiento de mí. Lo pude todo donde nunca estuve. Y es una brisa nueva esta somnolencia que me impulsa a caminar, echado hacia adelante, en marcha hacia lo imposible.
Cada cual tiene su alcohol. Yo tengo alcohol de sobra con existir. Borracho de sentirme, a veces voy a los tumbos y a veces camino bien. Si es hora, me encamino hacia la oficina, como todos. Si no es hora, voy hasta el río a mirar el río, como todos. Soy igual. Y detrás de todo eso, cielo mío, me cubro de estrellas a escondidas y tengo mi infinito.
Fernando Pessoa como Bernardo Soares, Libro del desasosiego (aprox. 1913-1935)
CON LOS OJOS ABIERTOS / COPYLEFT 2026
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