
UNA PELÍCULA SIN EPISODIOS NI PAISAJES (03)
Algunos seres tienen aquí afinidad con el silencio. Ante todo, como hemos visto, el niño, que siente la presencia maternal del silencio. «El niño es como una pequeña colina de silencio: pareciera que el silencio ha escalado hasta lo más alto del niño […]. En la palabra del niño, surge más silencio que sonido», escribe Max Picard. Algunos cineastas han hecho del silencio su reino. Para Philippe Garrel, el niño induce al silencio y lo transforma en territorio.
Max Picard se demora en el «denso silencio» que reina en los animales; para él, éstos «transportan consigo el silencio para el ser humano […]. Ponen sin cesar el silencio ante nosotros». Son «imágenes del silencio». Ahora bien, el silencio del animal es pesado, como un bloque de piedra. «Quiere librarse de él con una violencia salvaje, pero está encadenado a él». Entre los animales, el gato de manera particular —y los cineastas hacen frecuente uso de esta característica— sabe vivir en el silencio que parece simbolizar. […]
Ciertos cineastas han prestado atención al silencio de lo cotidiano, que algunos han intentado capturar. Nicolas Klotz pretende que las buenas películas guardan silencio, y «guardar silencio», añade, no es «en modo alguno lo mismo que callar». Deplora que hoy en día cada vez haya más películas que callan, pero cada vez menos que guarden silencio. El silencio, asegura, «está ahí donde comienza el mundo», aunque hoy asusta. Jean Breschand, por su parte, define el silencio que anhela como «la no-ruptura de un suave continuum sonoro, del rumor ambiental, familiar», del «ronroneo de la jornada». A sus ojos, el silencio es un entorno, un «un ruido suave, ligero y continuo», y anónimo.
Alain Corbin, Historia del silencio (2016)
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