JUGADA MAESTRA / HOW TO MAKE A KILLING

JUGADA MAESTRA / HOW TO MAKE A KILLING

por - Críticas
04 Abr, 2026 02:28 | Sin comentarios
Una semana llega a la cartelera; en otra deja de estar: hay películas que existen para existir en lo fugaz.

CINE DE REMEDOS

En Carta al Duque de Norfolk se puede leer: ““La conciencia no es una especie de egoísmo previsor, ni un deseo de ser coherente con uno mismo. Es un mensajero de Dios que, tanto en la naturaleza como en la Gracia, nos habla desde detrás de un velo y nos enseña y rige mediante sus representantes. La conciencia es el más genuino vicario de Cristo”. La cita del teólogo John Henry Newman puede ser enigmática en el contexto de una película producida por A24 sobre un asesino serial, pero dado que el interlocutor del protagonista es un cura y un personaje secundario clave ancla el relato en “la voz de la conciencia” no está de más esa aseveración pronunciada en 1875 cuando la palabra “conciencia” ya era pura propiedad del individuo y un término secularizado. 

El primero que invoca la importancia de la conciencia es el abuelo de Becket, interpretado por un actor inmenso, especialista en personajes secundarios: Ed Harris. La cara del actor jamás ha disimulado el paso del tiempo. Su piel es un pergamino escrito en décadas, y cuando le toca decir que lo único que tiene incidencia en el transcurso de cualquier vida es la conciencia, la fuerza del enunciado trasciende el relato y la escena. Más tarde, su nieto, encarnado por Glen Powell, desconocido por el abuelo, repite el concepto purificándolo de cualquier viscosidad teológica. Es un pormenor en una película destinada al olvido, cuya eficacia narrativa apenas tiene la virtud de hacer que todo suceda sin que los 105 minutos se perciban como una duración mucho más larga y vacía. Que sea llevadera no implica que resuelva su insignificancia. Matar gente, por cierto, nunca es insignificante, pero esto ya no le interesa a casi nadie.

Becket es un condenado a muerte y tiene el piadoso encuentro con su confesor, como se establece en los códigos penitenciarios. Faltan horas para la ejecución, pero Becket parece demasiado despreocupado, y con el transcurrir del relato tal serenidad se podrá entender. Toda la película es en verdad un conjunto de flashbacks que coinciden con el repaso, por parte del condenado, de los asesinatos (las víctimas, miembros de su familia) cometidos para hacerse de una fortuna negada por el abuelo.

Como se trata de una película de gente rica y estadounidense, asoma involuntariamente una cultura de la depredación y la indecencia. En vez de los de Redfellow podrían ser los Trump, aunque el tono liviano de comedia pasaría a connotar una capa irónica de otra índole y un patetismo sin ambages. En efecto, el mundo de las finanzas es parte del universo de la película, pero es apenas un matiz que se suma a muchos otros sin que nada se destace y mucho menos se analice con mayor empeño. La naturaleza pasatista que permea cada fotograma sin darle respiro tiene el ingenio y el vuelo conceptual de un clásico de la filosofía de Wall Street: El Tao de Warren Buffett. Lo insustancial es invencible. 

No hay mucho más para decir de Jugada maestra, excepto que en 1949 se estrenó en Argentina Los ocho sentenciados, de Robert Hamer. Esta versión de John Patton Ford es un mero remedo de aquella, y Powell es un buen actor, pero Alec Guinness, entonces muy joven, resplandecía en aquel film que cumplía como comedia negra e incomodaba un poco más a través de los actos del protagonista. Hoy, probablemente, poco molestan los asesinatos de Becket. Tal vez es una discreta conquista del tono elegido por el cineasta, o tal vez el contexto y los actos perpetrados por el nieto son ya constitutivos de nuestra vida cotidiana y no despiertan ningún escozor, ninguna deliberación moral ante el asunto en cuestión. 

***

Jugada maestra / How to Make a Killing, Reino Unido-Francia, 2026.

Escrita y dirigida por John Patton Ford.

Intérpretes:

Glen Powell, Margaret Qualley, Jessica Henwick, Bill Camp, Zach Woods, Topher Grace, Ed Harris.

*Publicado por La Voz del Interior en el mes de abril.

Roger Koza / Copyleft 2026