LAS PELÍCULAS SECRETAS (67): SONST IST AUCH DAS ENDE VERDORBEN

LAS PELÍCULAS SECRETAS (67): SONST IST AUCH DAS ENDE VERDORBEN

por - Críticas, Las películas secretas
20 May, 2021 01:54 | Sin comentarios
Gerd Roscher y Barbara Kusenberg hicieron este breve ensayo sobre un pasado cercano en el tiempo en el que la historia de Alemania volvía a cambiar para siempre.

Sonst ist auch das Ende verdorben / De lo contrario, también el fin acabará malogrado, Gerd Roscher y Barbara Kusenberg, Alemania, 1989.

“En Hamburgo, dice Dagerman, habló con un tal señor Schumann, empleado de banco, que llevaba ya tres años viviendo bajo tierra. Los rostros blancos de esa gente, según Dagerman, parecen exactamente el de un pez cuando sube a la superficie a tomar aire”. Este pasaje aterrador sobre el final de la Segunda Guerra Mundial –los hay peores– se puede leer en Sobre la historia natural de la destrucción de W. G. Sebald. Nadie puede imaginar esta descripción y tantas otras que se leen en ese libro clarividente al caminar por cualquier barrio de la ciudad de Hamburgo. Solamente quien mire el suelo constatará en distintas cuadras los nombres de los judíos detenidos y deportados a los campos de concentración. En sí, la ciudad destruida no tiene memoria fáctica, es un palimpsesto en el que se ha erigido una sociedad disimuladamente opulenta. No hay imágenes de ese pasado, y los cineastas de Hamburgo de las últimas décadas le han dado la espalda, excepto Roscher y Kusenberg, quienes en un año decisivo en la historia de Alemania trabajaron sobre materiales de archivo del Ejército británico y de un sobreviviente de un campo para restituir en imágenes y por tanto volver a pensar qué sucedía en Hamburgo unas décadas atrás. En menos de 20 minutos, el instante de transición que conlleva el final de la guerra, en el que los vencidos tienen que recomponer un territorio signado por los escombros y al mismo tiempo deben reconquistar la dignidad perdida, acá no solo por la derrota sino también por la deshonra de un pueblo que creyó en el proyecto del nazismo, se despliega por la eficacia de un montaje en el que colisionan simbólicamente la muerte y el renacimiento, la indignación y la complicidad, las pérdidas y los reencuentros. El poema de Ingeborg Bachmann que da el título a la película prodiga el tono espiritual y admonitorio, al igual que los fragmentos musicales de Nono, Stravinski y Gonella, y, más todavía, la recurrente combinación de discursos anónimos en contradicción que sobrevuelan el espacio sonoro. Notable pieza que poco tiene de testimonio de un pasado remoto, porque la Historia nunca se termina.

Roger Koza / Copyleft 2021