TIEMPOS INCIERTOS

TIEMPOS INCIERTOS

por - Festivales
07 May, 2020 09:47 | comentarios
Frente a la pandemia en curso, los festivales de cine atraviesan un período de incertidumbre.

El primero de marzo terminó la Berlinale, uno de los tres festivales más grandes y decisivos del mundo, después de Cannes y junto con Venecia. En la entrega de premios ya se percibía una situación incómoda. La pandemia avanzaba, Alemania empezaba a ser un foco de infección y más de mil personas estaban sentadas en el Palacio del festival esperando que Jeremy Irons diera a conocer a los ganadores. Todavía, en ese momento, la tos de un espectador no tenía la musicalidad del más allá, pero algo estaba sucediendo afuera que señalaba lo incompatible del evento con la realidad microscópica del virus, que ya se esparcía en la tierra de Fassbinder y Herzog.

Después empezaron a correr rumores sobre el Festival de Cannes, cuya fecha de inicio era a mediados de mayo y cuya programación habría de darse a conocer el 15 de abril. La organización de Cannes esperó hasta último momento para anunciar la postergación del festival, mientras los hospitales de París ya no daban casi abasto con sus enfermos necesitados de respiradores y asistencias diversas.

Al igual que pasa con los avatares de la industria y las reglas de la estética, Cannes es ley. Si el festival de festivales no se hace, el resto de los festivales habrá de afrontar dilemas similares. Es así como la presunta falsa elección entre economía y salud no fue ajena a las autoridades. La racionalidad no económica se impuso, y el festival no se hizo. Los efectos no son menores; cientos de películas no se estrenarán, toda una industria global se detiene y una cantidad enorme de trabajadores quedan suspendidos. Sucede que un festival de cine, por definición, es un encuentro multitudinario. Los cinéfilos llenan las salas, los periodistas también; la gente de la industria acompaña las películas y prosigue con sus proyectos. Un festival es la plataforma de lanzamiento de casi todas las películas, y su realización promueve el turismo, intensifica otros negocios y enriquece la vida cultural de la ciudad en la que se celebra.

Frente a este impasse biológico y económico, muchos festivales han optado por presentar una alternativa online, algo que es posible para películas pequeñas u otras que ya han tenido estrenos precedentes en otros festivales importantes, pero los títulos fuertes de la temporadas, esos que comienzan en Berlín, Cannes y Venecia, no pueden arrancar por esa vía, ya que dependen de un contexto que requiere la visibilidad de las estrellas,  el contrapunto de la prensa mundial y el aplauso de una audiencia numerosa. El aura de los festivales es irreproducible en el cosmos virtual.

Ante este panorama, no hay indicios de qué puede pasar. El Festival de Venecia anunció que todo sigue en pie, incluso si la podredumbre de los cadáveres en ciudades cercanas aún puede olfatearse. Los programadores de San Sebastián siguen pidiendo screeners, como si septiembre fuera un mes en el que todo esto habrá terminado. Con grandeza y precisión, Lili Hinstin, la directora artística de Locarno, festival que se iba a celebrar a inicios de agosto, explicó algunas razones por la cual el evento se cancelaba hasta el año que viene, dándoles libertad a las películas seleccionadas para ser incluidas en otros festivales que acaso puedan realizarse después de agosto. 

Festivales como los de Mar del Plata, Viena y San Sebastián vienen concibiendo estrategias para no cancelar la realización en este año. Menos películas, más funciones, espectadores alejados entre sí, pocos invitados, presupuestos acotados. La gran incógnita es saber qué pasará con el público. ¿Se sentirá resguardado y a salvo en una sala de cine? No es muy difícil conjeturar qué puede suceder al respecto.

Fotos: Viennale; Alfombra de Cannes.

*Este texto fue publicado por el diario La Voz del Interior en el mes de mayo 2020.

Roger Koza / Copyleft 2020