SEMANA DEL 02 AL 08/08 EN CINECLUBES

SEMANA DEL 02 AL 08/08 EN CINECLUBES

por - Cineclubes
03 Ago, 2010 09:55 | Sin comentarios

LA CUMBRE: EN EL CINE LUIS BERTI, BELGRANO 470

4 de agosto, a las 20.30hs:

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Legión, tribus urbanas motorizadas, de José Campusano, Argentina, 2006 *

61’ / ATP

Cortometraje: Black Panthers (27’), de Agnès Varda, Francia, 1968

El director José Campusano y el protagonista del film, el “Vikingo” Rubén Orlando Beltrán estarán presentes durante la función y dialogarán con el público después de la proyección.

La reciente aparición de J. C. Campusano le da al cine argentino un irreverente poeta del registro directo. En Legión, su particular estilo conduce una inteligente deconstrucción del motociclismo como trabajo de la pasión, a partir de fragmentos de los que se deduce un código ético, un funcionamiento comunitario. Campusano bautiza a su productora “Cine bruto” y sorprende cuando en virtud de ese desprolijo registro que le permite encontrar brutalmente la vida, convierte a su cine en un desafío de encuentro con lo otro (cine/motociclismo, espectador-motociclistas), pero sobre todo conmueve cuando a partir de esos encuentros consigue una sentimental y genuina poesía sobre las motocicletas, la calle, la ruta, sobre la belleza que hay en reunirnos con otros seres humanos (catálogo de la Segunda Muestra de cineclubes de Córdoba)

Leer aquí entrevista con el director.

VILLA GIARDINO: EN EL TEATRO ALEJANDRO GIARDINO

8 de agosto, a las 20.00hs: Encuentro con el nuevo cine mexicano

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Párpados azules, de Ernesto Contreras, México, 2006

98’ / +13

FUNCIÓN ESPECIAL: a las 18.45hs: El país del diablo (75’), de Andrés Di Tella, Argentina, 2008 *

El travelling inicial ya es un buen augurio, en esta ópera prima de Ernesto Contreras en donde el joven director mexicano se desmarca completamente de la típica comedia romántica latina y hace una apuesta riesgosa en materia formal para contar una historia de amor, o mejor dicho, para componer un retrato de la soledad metropolitana. Así, en Párpados azules, dos solitarios y asalariados se encuentran azarosamente a partir de un concurso en el que uno de ellos gana un viaje a un hotel en la playa con todo los gastos pagos, pero no tiene con quién viajar. El viaje es un pretexto de conocimiento y reconocimiento entre un hombre y una mujer que pueden haber compartido hace mucho tiempo la escuela secundaria, pero a los que hoy solamente une el desamparo y el (des)ánimo de amar. Contreras es un director delicado. Los movimientos de cámara son parsimoniosos, la música discreta, los diálogos mínimos pero precisos, la iluminación naturalista, las interpretaciones contenidas aunque esencialmente expresivas (véase la gestualidad casi bressoniana en la escena del baile o de sexo). En un pasaje secretamente glorioso los protagonistas van a una plaza. Ella tocará un mantel en el suelo mientras conversan, sin ninguna razón aparente. Es un gesto desprovisto de cualquier motivación narrativa. El sol, luego, se entromete en el encuadre mientras las hojas de un árbol titilan. En este tipo de secuencias se puede constatar la huella de un cineasta, alguien capaz de capturar algo del mundo que resulta esquivo a la mirada cotidiana y que excede el imperativo narrativo del cine, imperativo que no define su esencia. (Roger Koza)