OVEJA / MOUTON

OVEJA / MOUTON

por - Críticas
30 May, 2015 02:48 | Sin comentarios

**** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Koza

LOS MOVIMIENTOS DEL AZAR

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Oveja/ Mouton,  Francia, 2013

Escrita y dirigida por Marianne Pistone y Gilles Deroo

**** Hay que verla

Una ópera prima magnífica sobre la autonomía y el azar, otro film no parisino que desmarca al cine galo de la codificada y omnipresente vida burguesa de sus relatos.

No se trata de hablar sobre el azar –aunque se infiera de la trama de Oveja que esa forma inescrutable de descripción sobre cómo suceden los eventos en el mundo está ahí presente–, sino de intentar algo más alocado: filmar y organizar un relato incorporando la imprevisibilidad del azar como Leitmotiv. No es fácil, pues sería como filmar imaginando las reglas del comportamiento del viento y su trayecto. Un despropósito. El azar como poética, el azar como tema, esto es lo primero que debe decirse al dar con Oveja, la ópera prima de Gilles Deroo y Mariane Pistone. Film hermoso, triste, cruel.

El relato está arriesgadamente dividido en dos. Es en el inicio cuando el personaje principal estará en el centro narrativo. Por casi una hora, Aurelien, a quien apodan “Oveja”, irá conquistando su propia y discreta autonomía. En primer lugar, autonomía legal respecto de su madre alcohólica, que sojuzga al protagonista de 17 años; después, la emancipación material: el ingreso al mundo laboral; paso siguiente, la iniciación sexual. La autonomía, la acción que todo hombre o mujer, a determinada edad, tiene que adjudicarse a sí mismo para poder ser dueño de su propia vida. Hasta cierto punto.

La escena inicial es no menos que extraordinaria y revela una orientación cinematográfica. El trabajo sobre el sonido y el fuera de campo es notable en ese pasaje en que Oveja se desprende de su madre. Ver después a este joven amable desempeñarse como ayudante de cocina en un restaurante frente al mar resulta placentero, incluso cuando las tareas encomendadas estén regidas por la repetición. Ser testigo del crecimiento de alguien provoca siempre satisfacción. La llegada del amor, también, arranca una sonrisa, al menos. La escena en la que el joven descubre el pezón de su novia es inolvidable. Para admirar el formalismo de los directores basta notar ese travelling que empieza en el comedor del restaurante y culmina con un beso furtivo de los novios en la cocina durante el trabajo. Para corroborar la ética de la estética de los directores alcanza con prestar atención a la escena más controversial del film. ¿Cómo filmar la crueldad? Si es necesario que esté, a distancia, a una justa distancia.

La película transcurre en esos pueblos marítimos en los que la vida oscila entre su monótona insignificancia y una serenidad deseable, hasta que llega la época veraniega. Courseulles–sur-Mer, un pueblo al norte de Francia, en la provincia de Normandía, es el lugar. Las costumbres no son distintas a tantos otros emplazamientos similares a éste. No faltará preguntarse sobre una práctica en la que los amigos de Oveja juegan a escupirlo, acaso un ritual amistoso del que no se dan explicaciones. Tampoco tendrá explicación un giro maldito del azar, cuando algo terrible le suceda al protagonista. Lo que viene después de una fiesta popular celebrada en un muelle, otro gran momento del film, cambiará todo: la vida de Oveja y la segunda parte de Oveja, en la que los personajes secundarios tomarán el protagonismo. Mas repetición y a su vez más indeterminación narrativa. ¿Adónde se dirige todo esto?

Los directores de cine a veces se creen demiurgos. Filman sabiendo de antemano todo lo qué sucederá con sus criaturas. Aquí se asume el no saber sobre ese destino. El mundo gira sin mucho sentido y en ciertos momentos se adquiere cierta clarividencia para mirar piadosamente la persistencia de los hombres ante el impasible y presunto orden de las cosas.

Esta crítica fue publicada en otra versión por el diario La voz del interior en el mes de mayo 2015

Roger Koza / Copyleft 2015