MES FICUNAM 2016 (07): L’AQUARIUM ET LA NATION

MES FICUNAM 2016 (07): L’AQUARIUM ET LA NATION

por - Críticas
11 Feb, 2016 08:52 | Sin comentarios

csm_Straub-Aquarium-3_cf71bd219c-520x245Por Roger Koza

L’ Aquarium et la nation, Jean-Marie Straub, Suiza-Francia, 2015

Insistir con Straub, o mitigar la trivialidad, que siempre está cerca del cine, aunque jamás de este cineasta que ahora filma involuntariamente en soledad. Los incrédulos y los impacientes se exasperan. No deberían, pues la contundencia de este nuevo film es implacable: una idea, una forma y acaso la enunciación de una esperanza, o de un valor innegociable. ¿Cómo filmar al pueblo, un presunto protagonista trasnochado? En menos de 32 minutos Straub lo consigue y sin subrayar lo expone.

Tres fragmentos, cuatro escenas. Primero el silencio, o el grado cero del sonido, hasta que la forma más compleja de organización sonora –una pieza musical clásica– irrumpe en un plano fijo de una pecera en la que varios peces de agua fría se limitan a moverse en su medio acuático. En el segundo segmento, como sucedía en Kommunisten, se interpretará un texto de André Malraux; en este caso, la novela Les Noyers de L’Altenburg, de la que se citarán fragmentos que van de la página 98 a la 105. El texto remite simbólicamente a los peces, como también al maravilloso fragmento de dos escenas de la primera hora de La Marseillaise, de Jean Renoir. La novela es de 1948, el film de 1938; no son fechas inocentes, ya que en esos años una idea de nación se instituyó en la perversión y en el goce del exterminio.

Si el texto elegido pone en tela juicio la existencia de algún signo que iguale a los hombres más allá del tiempo y del espacio, la importancia de lo que se dice aquí debe ser cotejada con la época de aparición de ese libro y ese film. Frente a la afirmación de que subsiste un concepto organizador de las vidas de los hombres que excede a todas las culturas, el hecho de constituir una comunidad o un Estado, singularizar ese rasgo universal como “la unión fraternal del pueblo” no es en vano, más aún cuando “al pez no le es fácil ver su propio acuario”.

A la precisión conceptual se le suma un rigor de registro insólito. Véase entonces cómo interactúa casi imperceptiblemente el exterior con el interior de la pecera, donde el “pez” parlante, Aimé Agnel (psicoanalista junguiano que a su vez ha escrito sobre el cine de John Ford) lee los pasajes de la novela. Su inmovilidad coincide con la quietud del jardín. Pero en un plano cambiará la luz y el viento soplará un poco. Es ese el momento indicado y elegido para un remate filosófico. En otro cineasta, sin duda, se trataría de una coincidencia, pero en Straub la emisión de una palabra es tan determinante como el movimiento de una rama.

Roger Koza / Copyleft 2016