LOS OLVIDADOS: STUART HEISLER

LOS OLVIDADOS: STUART HEISLER

por - Columnas
10 Jun, 2022 11:48 | Sin comentarios
Hay varios directores en Hollywood que, a pesar de haber realizado películas de interés, hoy no los recuerda casi nadie. Uno de ellos es Stuart Heisler

Nacido en California en 1896, Heisler desempeñó varios oficios antes de ingresar en el mundo del cine en 1913 como cadete todoterreno. Al año siguiente comenzó a trabajar con Mack Sennett en la Keystone y al poco tiempo empezó a especializarse en montaje, haciendo sus primeras armas en ese terreno con Samuel Goldwyn y pasando luego por varios estudios. En 1937 fue director de la segunda unidad en Huracán, de John Ford, debutando como realizador en 1940 con Casta de campeones, un film con el que llamó la atención de varios sectores de la crítica, desarrollando luego a lo largo de casi veinticinco años una carrera no demasiado prolífica, pero en la que, como la mayoría de los directores de Hollywood, incursionó en los más variados géneros (thriller, western, melodrama, bélico, comedia y musical). Sin demasiado contacto con los grandes estudios, alternó films de clase B con producciones de mayor presupuesto, mostrándose siempre, aun en sus films menos logrados, como un eficiente profesional.  A partir de 1958, su trabajo se centró de manera casi exclusiva en la televisión, con el único interregno de Hitler, su sorprendente último largometraje, retirándose de la pantalla en 1964. Stuart Heisler falleció en Los Ángeles en 1979.

Para señalar algunos rasgos de las películas de Stuart Heisler habría que comenzar por señalar la brillantez de su trabajo de cámara, que en ocasiones orilla el virtuosismo, y la excelente utilización de los exteriores y los decorados. Si bien algunos críticos intentaron compararlo con Raoul Walsh, lo cierto es que -aun en sus mejores películas, Heisler está a buena distancia de un maestro como el gran Raoul. Sí corresponde destacar la potencia de sus personajes femeninos ( a cargo de actrices de fuerte temperamento, tal el caso de Bette Davis, Susan Hayward o una madura Ginger Rogers, ya alejada del musical), el carácter ambiguo de varios de sus protagonistas masculinos y el tono romántico algo desencantado que trasmiten algunas de sus películas. También en varios de sus films tuvo como colaboradores a guionistas marcadamente liberales, tal el caso de Richard Brooks, Lester Cole o John Howard Lawson, estos dos últimos integrantes de la nefasta lista de los 10 de Hollywood, un grupo de realizadores y guionistas a los que el macartismo imperante les impidió trabajar durante varios años. Y también hay que decir que, si bien varios de sus films no pueden escapar a los forzados finales felices hollywoodenses, en algunos casos consigue eludir los clisés hegemónicos y ofrecer conclusiones abiertas o inclusive pesimistas. Si bien hubo un cierto reconocimiento tardío a la obra de Heisler, se trata de un realizador con varias películas a descubrir. A continuación, como siempre, recomendaremos algunas de ellas.

EL MONSTRUO FANTASMA (Among the Living, 1941) es uno de los films del director que puede encuadrarse dentro del espíritu de la clase B, en el que un hombre llega un pequeño poblado y descubre que su hermano gemelo ha estado encerrado durante décadas en una casona, lo que lo ha trastornado mentalmente y convertido en un peligroso asesino. Curioso melodrama gótico sureño, con una excelente interpretación de Albert Dekker en un doble papel.

LA LLAVE DE CRISTAL (The Glass Key, 1942): Adaptación de la clásica novela de Dashell Hammett que, más allá del final edulcorado impuesto es, en mi opinión, superior a la mucho más famosa de John Huston de El halcón maltés. Heisler consigue dotar de una notable carga de ambigüedad a sus personajes a lo que debe sumarse el erotismo de Verónica Lake y algunos secundarios memorables, como el matón que interpreta William Bendix.

DEL CIELO CAYO UNA ESTRELLA (Blue Skies, 1946) es un musical que, más allá de lo insustancial del argumento, reúne una gran cantidad de canciones de Irving Berlin (alrededor de veinte), cantadas por Bing Crosby, un par de excelentes números de Fred Astaire (en particular cuando canta y baila Putton´on the Ritz y otro gran momento a cargo de Crosby y Olga San Juan (la interpretación cantada y bailada de Hear Wave).

Smash-up: The Story of a Woman

UNA MUJER DESTRUIDA (Smash-up: The Story of a Woman, 1947) es un consistente melodrama en el que una cantante de night club, al sentirse abandonada por su marido, un exitoso crooner, del que también sospecha que le es infiel, cae en la insatisfacción existencial y el alcoholismo. Más allá del blando final, el film tiene varios pasajes intensos y una gran interpretación de Susan Hayward.

DALLAS, 1950, es un atractivo western en el que un rebelde confederado busca venganza en los asesinos de su familia. Hay una sustitución de personalidad, muy buenas escenas de acción, algunos elementos de comedia y la presencia de Gary Cooper en el protagónico con su particular estilo lacónico con algunos toques de ironía.

UNA HORA DE VIDA (Tokyo Joe, 1950) está ambientada en el Japón de posguerra, donde un americano (Humphrey Bogart) llega con la intención de recuperar a su ex mujer (ahora casada con un funcionario yanqui) y se ve envuelto en una conspiración de japoneses ansiosos de revancha. Lo más interesante del film es el carácter de notable ambigüedad  moral del personaje de Bogart.

¿ACUSARIA UD? (Stoem Warning, 1951) es un tenso melodrama en el que una modelo que va a visitar a su hermana en un poblado sureño se convierte en una involuntaria testigo del asesinato de un periodista a manos del Ku Kux Klan. El problema es que el asesino es el marido de la hermana. lo que coloca a la protagonista en un dilema acerca de acusarlo o no. Un creciente suspenso y un final que está lejos de los happy ends habituales. Gran trabajo de Ginger Rogers.

LAGRIMAS AMARGAS (The Star, 1953) puede aparecer a primera vista como una Sunset Boulevard de bolsillo, pero la volcánica interpretación de Bette Davis como una actriz ganadora de un Oscar que vive su inevitable declive, potencia este melodrama en el que la actriz muestra su infinita gama de recursos y que está lastrado por un final apresurado y complaciente.

HE MUERTO MIL VECES (L Died a Thosand Times, 1955) es la remake de Alta Sierra, de Raoul Walsh, centrada en un ex convicto que se encuentra atrapado entre dar un gran golpe antes de retirarse, el acoso de una mujer a la que no quiere y su metejón con una jovenzuela lisiada. El film carece de la grandeza del original y Jack Palance y Shelley Winters, aun estando bien, no hacen olvidar a Bogart e Ida Lupino, aunque hay varios segmentos conseguidos y una gran secuencia final.

LOS AMORES DE HITLER (Hitler, 1962) es un extravagante biopic del dictador en el que se lo presenta como un psicópata impotente, enamorado de su sobrina a la que termina haciendo matar, obsesionado por la figura de su madre muerta. Notorias falencias históricas (vg. los comunistas no existen), varias incorrecciones políticas como Hitler llorando tres veces en pantalla y una gran interpretación de Richard Basehart-en el protagónico.

Jorge García / Copyleft 2022