LA COLUMNA DE JORGE GARCÍA (27): FRANK BORZAGE: UN FUNDAMENTALISTA ROMANTICO

LA COLUMNA DE JORGE GARCÍA (27): FRANK BORZAGE: UN FUNDAMENTALISTA ROMANTICO

por - Ensayos
02 Jul, 2014 07:22 | comentarios
borzage_3

FRANK BORZAGE

Por Jorge García

Frank Borzage es un caso único dentro del cine americano que –más allá de la admiración que algunos surrealistas profesaron por varias de sus películas mudas- ha sido largamente postergado por buena parte de la crítica, que lo acusó durante mucho tiempo de ser un director “blando y sentimental”. Dueño de una sensibilidad muy distinta a la dominante en el cine de Hollywood y exponente de un romanticismo sin concesiones –totalmente a contrapelo de los gustos críticos de la época-, dentro del cine de su país solo puede reconocer cierta afinidad con algunas películas de King Vidor, aunque el tono de ambos directores es muy diferente.

Con una carrera iniciada en 1916 que se prolongó por más de cuatro décadas, Borzage realizó casi un centenar de películas, la mayoría de ellas en el período mudo. Buena parte de esa producción se encuentra hoy perdida, pero afortunadamente sobreviven sus películas más importantes. A diferencia de otros realizadores que desarrollaron progresivamente sus constantes temáticas y estilísticas, en su caso estas ya aparecen en Humoresque (1920), su primer film destacable. Como ningún otro director en la historia del cine, Borzage es el cineasta de la pareja y el amor en términos que solo cabe calificar de absolutos. Sus amantes, generalmente enfrentados a un entorno social adverso, recorren la pantalla como poseídos, entregados de manera incondicional a un sentimiento que se convierte en el motivo excluyente de su existencia, y esa pasión casi alucinada que los devora los transforma –a pesar de ser casi siempre personas comunes- en seres extraordinarios. La alegría de los encuentros y el dolor de las separaciones nunca se trasmitieron con tanta intensidad como en las películas de Borzage. Paradójicamente, a pesar del carácter individualista que supone a priori esta postura, en sus films está muchas veces presente el contexto social y político que condiciona las conductas de los protagonistas (la Depresión económica, el incipiente nazismo). Por supuesto que una actitud tan extrema y radical para la concepción predominante en Hollywood convirtió a Borzage en una rara avis dentro del cine norteamericano y a sus films en productos extrañamente intemporales. En lo estilístico hay un elemento que se destaca en sus películas y que se antepone incluso a la elegancia de sus movimientos de cámara: la iluminación. Una luz difusa que parece desprenderse de los personajes y que se proyecta en los ambientes, sórdidos o elegantes en los que se desarrolla la acción. No hay en la historia del cine antecedentes de un uso continuo similar de la iluminación, y si el tono evocativo e irreal de sus films se adapta de alguna manera a la estilización visual del cine mudo, con la llegada del sonoro se convierte casi en una provocación y lo coloca ante la crítica de su país como un realizador anacrónico. Sin embargo, la visión actual de las películas de Borzage lo ubica en la primera línea del cine norteamericano y como uno de los directores más radicalmente modernos de ese cine.

streetangel1

Street Angel

En el período mudo, el director pudo trabajar con un infrecuente grado de control sobre sus películas, y pertenecen a esa época obras tan bellas como la mencionada Humoresque; la parcialmente recuperada The River, un prodigio de erotismo, muy valorada por los surrealistas, y sus dos títulos más emblemáticos de esa etapa: Seventh Heaven y Street Angel, ambos con la misma pareja protagónica, Janet Gaynor y Charles Farrell. La primera es arrebatadoramente poética y de un intenso lirismo, y la segunda, más recargada a nivel melodramático y con notorias influencias del expresionismo alemán (hay que decir que, mucho más que con cualquier realizador americano, el cine mudo de Borzage tiene puntos de contacto con el de Murnau y no solo porque Janet Gaynor también fuera protagonista de la extraordinaria Sunrise). En estos films es fundamental la química particular que se entabla entre el estilo rudo y algo tosco de Farrell y la curiosa amalgama de fragilidad y determinación que trasmite la Gaynor. En la década del 30 –un período en el que Borzage tuvo algunos problemas con la censura- se encuentran muchos de los títulos más representativos del realizador. Liliom, adaptación de una obra teatral de Ferenc Molnar -que luego rodó Fritz Lang y que fue uno de sus más estrepitoso fracasos de crítica y de público- hoy aparece como un film notoriamente adelantado a su época. Adios a las armas es una adaptación de la novela pacifista de Hemingway que Borzage transforma en una historia de amour fou, con una secuencia final delirante y la música de Tristán e Isolda omnipresente en la banda de sonido. Man´s Castle, No Greater Glory, y Little Man, What Now? son films en los que el entorno social adquiere gran peso. La primera es una historia de amor entre dos personajes cercanos a la picaresca en un contexto sombrío, los años de la Depresión  en una Nueva York alejada de la opulencia y las luces (el film tuvo problemas con la censura y sufrió numerosos cortes), mientras que No Greater Glory, otra adaptación de Molnar, en la cual un grupo de niños desarrolla una serie de juegos en los que representan el rol de militares, es una película notoriamente crítica del triunfalismo y el nacionalismo. En cuanto a Little Man…, es una de las obras del director en las que aparece su recurrente obsesión por Alemania, y detrás de su estructura de comedia romántica es uno de los primeros films que cuestionan al incipiente nazismo. Además es la colaboración inicial del director con la maravillosa Margaret Sullavan, la heroína borzagiana por excelencia. Living on Velvet es uno de esos films inclasificables que oscilan entre la comedia y el drama, ambientado en los círculos de la burguesía, pero con un protagonista masculino que parece un loser escapado de una novela de Scott Fitzgerald. Green Light y Disputed Passages son dos soapers médico-religiosos basados en novelas de Lloyd C. Douglas, en los que se fusionan los enfrentamientos éticos con sensibles historias de amor, en tanto que The Shining Hour, es una película con una formidable puesta en escena en la que las relaciones sentimentales exceden la pareja para extenderse a un grupo de personajes. Pero las tres obras maestras de ese período son History Is Made at Night, un relato de un romanticismo desaforado, Three Comrades, una adaptación muy libre de la novela de Erich María Remarque que en manos de Borzage se convierte en una melancólica reflexión sobre el amor y la amistad y Tormenta mortal, en la que el ascenso del nazismo sirve de trágico marco a la historia de una pareja dispuesta a cualquier sacrificio para poder estar juntos En los años posteriores las películas de Borzage se van espaciando, pero todavía hay lugar para I´ve Always Passed, un film que oscila entre el delirio y el kitsch más desenfrenado, y la notable Moonrise, una de las obras mayores del director que de alguna manera prefigura a La noche del cazador.

La revisión de la obra de Frank Borzage permite encontrarnos con un director extraordinario, dueño de un universo absolutamente intransferible y personal –lírico, poético, intenso y apasionado- en el que, como nunca en la historia del cine, el Amor (con mayúscula) y los sentimientos y emociones que provoca se convierten en el eje esencial de las relaciones humanas.

 Jorge García / Copyleft 2014