GERMANIA

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por - Críticas
25 Feb, 2013 11:30 | comentarios

EL TERRITORIO DE LA LENGUA

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Por Marcela Gamberini 

La primera película de Maximiliano Schonfeld habita varios territorios. Para contar la experiencia íntima y profunda de una familia que sufre el desarraigo de su tierra natal, Schonfeld se vale de al menos dos componentes esenciales, el espacio y la lengua. Tal vez esos dos componentes sean uno sólo, todos sabemos que la lengua es el territorio donde habitamos, donde nos constituimos, donde nos identificamos.

La mínima familia compuesta por la madre y los dos hermanos adolescentes, atravesados por tensiones de clase, de religión, de edad emprenden un viaje que, llamativamente, nunca vemos. Ni siquiera sabemos bien por qué dejan el pueblo, aunque las sugerencias se filtran como el sol, como el viento que abomba las cortinas de la casa. Esas tenues sugerencias son políticas, económicas –la madre dice en un momento que los que sembraron soja son millonarios, ahora- mientras en este ahora de esa familia, los animales se mueren, las gallinas, las vacas, tal vez por sequía, tal vez por desidia, tal vez por no soportar el paso del tiempo. Película que habla de las transiciones y no hay nada más complejo que filmar las transiciones, ponerlas en escena sin estallar en el conflicto ni en la rabia. Germania habita los límites de ese pueblo rural que se va muriendo, como los animales que agonizan lentamente, como los hermanos que crecen y cruzan el límite a la adultez, con tristeza, con melancolía. Nada queda demasiado claro y no hace falta, la relación de la madre con ese hombre (espléndida escena sexual cuando se quedan atascados con el auto en el pantano), la relación de la hermana con ese chico, diferente, morocho, desclasado y del que tal vez esté embarazada (o tal vez producto de una relación incestuosa?), tampoco queda clara la tristeza que desparrama la mirada y los ojos del hermano, su despedida de los amigos.

Pero empezamos hablando del espacio y de la lengua, como constitutivos de la puesta en escena de la película. El uso que hace Schonfeld del espacio es sensible, tangible; esa sensibilidad la logra a través de la profundidad de campo, del uso de la perspectiva. Vemos el espacio profundo y a los personajes que lo transitan. Vemos como los personajes, sobre todo en las secuencias anteriores a la de la fiesta, se adentran en el espacio, marcando su densidad, su recorrido. En general, los personajes no entran al cuadro por los costados como suele ser usual, sino por abajo y se van hacia arriba del campo, del cuadro, haciendo hincapié en el transcurso, en los pequeños viajes sobre el campo. La mirada del espectador recorre los espacios tanto como los recorren los personajes, no es sólo un uso dramático del espacio sino un uso sensible. En Germania importa y mucho la manera en que se despliega el espacio porque ese modo de mostrar el espacio está cargado de sentido. Sentido visual y sentido simbólico, sentido religioso, sentido social; aquello que vemos y aquello que podemos inferir; el espacio es el físico y además el simbólico, el espacio de la lengua en la que se habita. Los personajes hablan en dialecto entre ellos, guardando su idiosincrasia, su ontología, su tradición y a la vez se comunican con los demás, con los otros, con los que no son de su clase, en castellano. El territorio espacial de la lengua que se guarda para sí y a la vez se comparte, otra zona de transición.

Manny Farber trabaja el tema del espacio y dice que el espacio en el campo de la pantalla se encuentra cruzado con el espacio psicológico del actor. Este mecanismo es el que se pone en juego en Germania. El campo de la pantalla aparece trabajado en profundidad, mostrando un recorrido, un trayecto y justamente es un recorrido profundo el que van a tener que hacer estos personajes para exiliarse de ese espacio, dejarlo morir, abandonarlo. La iluminación –deudora tal vez del cine de Gustavo Fontán- acompaña las zonas de luz y de sombra de los personajes, sugiriendo en un espiral rizomático, los encontrados estados de ánimo.

Composición profunda, densa. Puesta en escena compleja y a la vez sencilla, donde la mirada juega un papel central. Película de climas, donde el sentimiento de pérdida es constante, la pérdida del espacio propio, la pérdida de la lengua, la pérdida de la infancia, la pérdida de la inocencia. Salir de las jaulas –religiosas, morales, sociales, políticas- como las imágenes de esas gallinas en el gallinero; seguramente sea la tarea que les toca en suerte a estos entrañables y sensibles personajes.

Marcela Gamberini / Copyleft 2013