FICIC 2015: DEFINITIVAMENTE INSTALADO

FICIC 2015: DEFINITIVAMENTE INSTALADO

por - Festivales
31 May, 2015 07:42 | Sin comentarios
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No todo es vigilia

Por Jorge García

En nuestra reseña del año 2014 de la edición del FICIC (por si alguien todavía no lo sabe, Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín) señalábamos los avances cualitativos del mismo. Es que a la ciclópea (para utilizar un término no demasiado usado) labor de Carla Briasco y Eduardo Leyrado y su equipo -este año con algunas inesperadas y temporarias bajas por diferentes razones- se había sumado la tarea de un programador con capacidad y experiencia como Roger Koza. Hay que apresurarse a señalar que esos avances se han mantenido, el público sigue respondiendo satisfactoriamente, ha mejorado de manera notoria la calidad de las proyecciones en una de las salas (El Alma encantada), las mesas de debate continúan concitando interés, como la dedicada al cine cordobés, ya un clásico y en la que esta vez participó un realizador free-lance de ese origen, Sergio Schmucler, promotor de acaloradas discusiones. Y la programación mantuvo su calidad con algunas variantes como que la Competencia Oficial, hasta el año pasado separada en largometrajes de ficción y documentales se unificó, lo que produjo una reducción de los films en concurso.

Como film de apertura se proyectó una película del director holandés, radicado en Holanda, Rolf de Heer y hubo una retrospectiva dedicada al realizador brasileño Adirley Quirós y pequeños focos sobre la obra del inglés Phillip Warnell y al alemán René Frölke (y aquí, con mi habitual inconformismo, voy a hacer una pequeña digresión que probablemente esté influenciada porque ninguno de los mencionados está dentro de mi actual team de directores preferidos; creo que sería bueno, dentro de lo que el magro presupuesto económico del festival lo permita, que exista un mini-panorama internacional, con títulos atractivos de diferente origen). En cualquier caso, la competencia internacional estuvo bien al margen de las modas y clisés habituales con películas valiosas más allá de las preferencias personales, escapando también a la repetición de títulos ya demasiado vistos, algo que lo convierte, tal como ya lo había señalado el año pasado, en el más importante de los festivales pequeños del país. Y estuvieron también las permanentes competencias de cortometrajes (la internacional y la de escuelas) con títulos –como es inevitable en este tipo de muestras- de valor dispar y la sección de cine cordobés contemporáneo que de algún modo mostró una suerte de transición en ese movimiento. Como Roger ya comentó todos los largos y cortos exhibidos en el FICIC, creo que no tiene sentido reseñarlos brevemente para que allí aparezcan mis eventuales acuerdos y disidencias con él; basta con decir que no hubo allí ninguna obra desdeñable y que estoy de acuerdo con los premios otorgados (al menos con dos de ellos, el principal que se le dio a No todo es vigilia, la excelente película de Hermes Paralluelo, y la mención a Victoria, el film de Juan Villegas).

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Mientras la ciudad duerme

Pero, tal como ocurriera en la edición pasada, uno de los acontecimientos cinéfilos del FICIC fue el ciclo organizado por Fernando Martín Peña, programador habitual del Malba y del excelente ciclo Filmoteca que se exhibe a la medianoche por la TV pública, en excelentes copias en 35 mm. Peña es un fundamentalista del soporte fílmico en general y del señalado en particular y la muestra ofrecida, titulada Film-noir para principiantes, con tres obras de diferentes directores y épocas, permitió apreciar por si hiciera falta, la textura única e irreemplazable del film en 35 mm. Será a esos tres films a los que me referiré brevemente de inmediato.

En la filmografía de John Huston se puede visualizar –de una manera más evidente que en otros directores- cuáles films son los que le interesó hacer y cuáles no, lo que ha dado lugar a una obra notoriamente despareja. Así, junto a films de gran valor como pueden ser, vg, El cielo fue testigo, Ciudad dorada o Sangre sabia, se encuentran bodrios incalificables, tal el caso de La Biblia o Annie. Mientras la ciudad duerme, 1950, es uno de sus títulos más logrados, en el que un grupo de ocasionales ladrones planifica un robo a una joyería que les permitirá tranquilidad económica el resto de sus días. Adaptación de una novela de W.R. Burnett, el film es un preciso estudio de caracteres, totalmente despojado de sentimentalismo y con un reparto inmejorable que desarrolla en profundidad la temática fundamental del director: la de un individuo o grupo de individuos detrás de un objetivo que termina inexorablemente en el fracaso. Con una idea argumental repetida hasta el hartazgo, casi ninguna de sus innumerables remakes alcanzó la intensidad y consistencia de este film. Además cuenta con el primer papel memorable para la pantalla de Marylin Monroe.

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Adiós muñeca

La obra de Raymond Chandler ha tenido varias adaptaciones cinematográficas de dispar valor (algunas realmente buenas como El enigma del collar, de Edward Dmytryk la notable Al borde del abismo o la versión de El largo adiós, de Altman, que irritó a muchos fans del escritor. Dick Richard, quien había tenido un interesante debut con The Culpepper Cattle Co., un poco convencional western, tras una intrascendente comedia abordó la adaptación de Adiós muñeca, una de las mejores novelas de Chandler. Para ello recurrió a una minuciosa recreación de los ambientes de los años 40 (gran trabajo de Dean Tavoularis), la nostálgica iluminación en color de John Alonzo y un excelente reparto en el que brilla con luz propia la interpretación que Robert Mitchum hace del detective Philip Marlowe. Con su estilo adormilado, irónico y perezoso, el actor trasmite con fidelidad la ética intransigente del personaje y consigue su caracterización definitiva. Con un notable cast de secundarios y varias escenas memorables, la película es uno de los mejores policiales de los años 70 y la mejor de una filmografía que nunca volvió a conseguir estos fulgores.

Si hay una carrera regida por las dificultades con Hollywood y los productores, es la de Orson Welles. Películas mutiladas (su segundo film, Soberbia, perdió, sin posibilidades recuperación, sus últimos 50 minutos), otras filmadas a lo largo de muchos años en diferentes países (Otelo) o títulos remontados por sus productores, como es el caso de Sombras del mal. Afortunadamente, en el FICIC se pudo ver la versión restaurada de este film, con un montaje lo más aproximado posible a lo que deseaba el director. Habrá quienes se queden anclados en el prodigioso plano secuencia inicial, pero la película es una suerte de quintaesencia de las preocupaciones formales y temáticas de OW, además en un trabajo como actor en su versión más obesa y desagradable (“estás comiendo muchos dulces”, le espeta en un momento dado una bella y otoñal Marlene Dietrich) como el corrupto detective Hans Quinlan. Film fronterizo (y no solo por el lugar en el que transcurre), pesadillesco y ambiguo, con varios momentos memorables (el asesinato de Akim Tamiroff, el plano secuencia en el departamento), es una de las obras maestras –tal vez la mayor- del director.

Por otra parte, un festival que comienza invitando a sus participantes con un magnífico locro y unas excelentes empanadas caseras (gentileza de Mary, la madre de Carla), nunca podría ser malo.

Jorge García / Copyleft 2015