EL PLACER DE MIRAR

EL PLACER DE MIRAR

por - Entrevistas
02 Mar, 2022 10:28 | Sin comentarios
El organizador de la Semana Mundial de la Cinefilia cuenta sobre los lineamientos y las búsquedas del evento que alcanza su tercera edición y se consolida.

No se necesita apelar a un tiempo remoto en la vida de las palabras para asignarle al término “cinefilia” un sentido inicial. Puede prescindirse de cualquier autoridad etimológica para saber que se trata de una forma de amor al cine. La distinción, en todo caso, es de otro orden, y tiene que ver con las visiones y prácticas erigidas en tradiciones disímiles que determinaron una relación con películas, actores y actrices, épocas y géneros, y cuyos efectos fueron y son concretos e intensos en la vida del cinéfilo.

En efecto, la programación, las actividades y los invitados de la Tercera Semana Mundial de la Cinefilia delinean tradiciones y posicionamientos en la forma de amar. El placer rige el vínculo con las películas y el deseo de hablar y escribir sobre lo que se ha visto constituye otro placer que es correlativo al de ver películas. Los títulos que se exhiben, el taller de crítica, la charla inaugural de José Miccio y la presentación del libro Política de los actores son signos inequívocos. 

También se puede leer en las actividades propuestas una toma de posición frente al cine y sus instituciones, como sucede también en los festivales, que tienden a administrar el prestigio de los cineastas y a convencer al público de que sus películas son las que valen. Quienes están detrás de la actividad, como el crítico de cine Ramiro Sonzini, entienden que hace falta un tiempo de discusión y un espacio de descubrimiento sobre el cine de hoy y el cine de ayer. En esas coordenadas se celebra la tercera edición. Las películas son buenísimas y los participantes tienen mucho para decir. Solo faltan los amantes de ayer y los de hoy. 

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Ramiro Sonzini

Roger Koza: Es la tercera edición del evento; es evidente que ha crecido. Los apoyos externos y las actividades y películas programadas así lo demuestran. A esta altura ya deben saber qué buscan. ¿Qué es exactamente la Semana Mundial de la Cinefilia? 

Ramiro Sonzini: Antes que nada, es un evento público que busca materializar un sentimiento muy simple, que solemos asociar con las películas que nos fanatizan, y que a falta de una palabra más precisa llamaría entusiasmo. El objetivo que perseguimos desde siempre es encontrar formas lo más creativas posibles de generar un encuentro con el público alrededor de una selección de películas para así revitalizar la experiencia social de habitar el espacio (público) del cine; experiencia que, por diferentes razones, cada día corre más peligro.

Por otra parte, el diseño del festival reacciona un poco contra cierto estereotipo de lo que debe ser un festival de cine. Mientras los grandes eventos buscan el prestigio, el glamour, la fama, y para tal fin ponen en foco a cineastas, actores, productores, nosotros intentamos poner el foco en un personaje igualmente estereotipado pero mucho más opaco, de mala fama y cierto (mal) aliento antiépico: el cinéfilo. Ese personaje que no hace otra cosa más que mirar películas y que –en la versión luminosa de su mito– las ama y puede enseñar a amarlas como nadie es quien viene a nuestra ciudad a pasar sus películas y contarnos por qué las eligió para que lo acompañen. En esa serie de relatos se concentra todo el potencial de la Semana Mundial de la Cinefilia, porque son esas historias las que contienen todo el poder empático, toda la capacidad de contagiar entusiasmo por las películas.

Finalmente, intentamos mantener cierto espíritu experimental y cierto sentido del humor que se traduce en una variación constante de los métodos de selección de películas, aplicando recortes de distintos tipos y juegos de programación (como el que articula la “selección oficial” de este año). Por eso siempre gran parte de la programación es elegida por nuestros invitados. Esta programación indirecta (elegimos a los invitados que a la vez eligen las películas) configura una especie de riesgo, que es algo que apreciamos. 

Las películas de apertura y cierre no podrían ser más antitéticas, más allá de que en ambas hay una alteración del punto de vista que pacta con el sentido común. ¿Por qué eligieron el film de Koberidze y el de García Ibarra? ¿Qué identifican en las dos películas para hacerlas símbolo del evento?

What Do We See When We Look at the Sky? 

Las dos películas son retratos de una ciudad: Kutaisi (Georgia) en What Do We See When We Look at the Sky? y Elche (España) en Espíritu sagrado. Dos ciudades desemejantes, pero sí equivalentes. Ambas se encuentran lejos de la idea de gran capital, la gente que las habita puede recorrerlas a pie y cruzarse en el camino. También son ciudades que, por su tamaño, le permiten a un cineasta imaginar una película en la que se retrata a la comunidad como una totalidad. Ambas van desplegando su relato como un abanico, como si a medida que pasara el tiempo fueran pintando un paisaje cada vez más amplio y rico en detalles. Son ciudades que, sin estirar demasiado la comparación, podrían ser Córdoba. Además, las dos juegan con el relato fantástico. Si bien en ambas lo fantástico funciona como puerta de entrada a una gran cantidad de escenas delirantes y llenas de gracia, la relación entre la fe que los personajes profesan y el punto de vista que la película tiene sobre esa fe es diametralmente opuesto en cada una. Entre ambas se podría trazar un arco que metaforiza la totalidad de relaciones posibles entre la fe de un cineasta, sus personajes y los espectadores. Esa tensión entre ambas películas, que casi se niegan mutuamente, es algo que nos pareció interesante poner en juego. Finalmente, hay algo arbitrario en la manera en que ambas películas van componiendo relaciones entre una escena y otra. Ese modo poético, que es muy caro a la literatura de César Aira, es la inspiración para el juego que organiza la programación de la selección oficial, en donde las tres parejas de cinéfilos invitados (Milagros Porta y Álvaro Bretal; Dana Najlis y José Fuentes Navarro; y Diego Trerotola y Eloísa Solaas) fueron eligiendo películas sucesivamente, a la manera de un cadáver exquisito, para que cada una dialogue con la anterior y con la que sigue, completando un doble círculo (esperemos) virtuoso.

En las tres ediciones el evento ha delineado alianzas y actores recurrentes. Es un eje cinéfilo nacional. El Museo del Cine, la revista Calanda, ahora los jóvenes de Taipéi. El crítico José Miccio, ya un habitué y quizás uno de los inspiradores del evento, tiene a su cargo la charla inaugural. Hay gente de Mar del Plata, de CABA y de Córdoba. ¿Cómo piensa estas alianzas en la configuración de la cinefilia que proponen?

No creo que haya un sistema ni un método que persiga un fin determinado. Simplemente nos proponemos trabajar con personas e instituciones con las que, por razones biográficas, nos hemos cruzado en el camino y de las que valoramos su manera de concebir y difundir el cine. Y como creemos que la Semana Mundial de la Cinefilia es un lugar donde construir vínculos, es natural que surja el deseo de reincidir en ciertas invitaciones, como es el caso de José Miccio, que ha sido nombrado como invitado vitalicio; o el de Paula Félix-Didier y el Museo del Cine, que vienen realizando desde hace muchísimos años una tarea titánica y sin que ningún poder público facilite su existencia, intentando preservar y difundir la historia del cine argentino y más ampliamente las imágenes y los sonidos de nuestro pasado. Sí creo que, si tuviéramos que pensar la lista de invitados como un posible mapa cinéfilo regional, una línea rectora podría ser que cada invitado tenga una cuota de excentricidad en sus preferencias, que aporten un conocimiento que resulte original a la cinefilia de Córdoba.

En esta edición se presenta un libro notable: Política de los actores. Parte de la programación se predica de la lectura lúcida y reveladora que el crítico y realizador francés Luc Moullet lleva adelante en ese libro sobre cuatro actores icónicos del cine estadounidense. ¿Por qué han elegido ese libro y las derivaciones lógicas y estéticas que se desprenden de su lectura como una de las series conceptuales que organizan el evento?

En las tres ediciones que llevamos siempre ha sido importante darles un lugar a los textos. La relación entre mirar y leer es fundamental en la construcción de una experiencia con el cine. Por eso decidimos poner en foco este libro que nos resulta tan revelador. De manera muy sencilla le ofrece al lector la oportunidad de pensar el cine desde un lugar bastante distinto: en vez de enfocarse en las decisiones del director para, a través de ellas, inferir sus intenciones y así juzgar la calidad del cineasta en función de lo cerca o lejos que estuvo de materializar sus deseos, decide ensayar una historia del cine a partir de la carne y la biografía de los actores. Lo que produce como primer efecto una relación mucho más cercana con la materia misma de cada película. De repente los pequeños gestos, la forma de hablar (o de callar), la relación entre el tamaño del cuerpo de una y otra estrella nos permiten entender tanto del cine como un travelling o una elipsis. 

La elección de la programación es precisa. Quería preguntarle sobre un tema que se repite en la cinefilia mundial. Siempre hay una predilección por el cine estadounidense, francés, japonés e italiano. El programa lo refleja muy bien. El Museo del Cine introduce el punto de vista histórico y nacional, y suma así una inquietud sobre el cine argentino y su historia desdeñada. Lo que es notorio en la propuesta es la ausencia del cine latinoamericano y la habitual invisibilidad del cine de África. Puede sonar una indicación capciosa, pero en verdad apunta a problematizar el concepto de “mundial”. ¿Cómo observa el juego de las tradiciones y cómo influye en relación con la programación? 

Es verdad que la programación muestra, incluso sin quererlo, los alcances y los límites de cierta concepción de la cinefilia criada en el seno de esas tradiciones culturales que nombrás. Tenemos una cuenta pendiente con Latinoamérica y con África, debemos darnos la oportunidad de explorar esas cinematografías. Estamos incluso confiados en que la próxima Semana de la Cinefilia pueda tener una fuerte presencia latinoamericana, algo que pensamos para esta edición pero que por cuestiones presupuestarias y de protocolos sanitarios no pudimos concretar.

Con respecto al punto de vista nacional, también sucedió que tuvimos problemas con los derechos de algunas películas argentinas del período clásico que están en manos de Warner Bros; según ellos, no tienen la autorización para ceder los derechos de exhibición en cines. Por eso lo acotado del programa. No somos los primeros en enfrentarnos a estas situaciones y ahora entendemos un poco mejor por qué no se proyecta tanto o tan seguido.

En la Semana, además de las charlas y las proyecciones, se ofrece un taller de crítica de cine, como si el paso a la crítica cinematográfica fuera una posible evolución en el camino de un cinéfilo. ¿Qué relación establece entre crítica y cinefilia?

Así como antes dije que era fundamental la relación entre mirar y leer, creo que quien se aventura en la experiencia de escribir como forma de profundizar el pensamiento sobre lo que ve vivirá un viaje alucinante y revelador. Este no es un taller para formar profesionales de la crítica, sino más bien un espacio para compartir la escritura como método para reflexionar sobre cómo vemos las películas. Los textos, para nosotros, son el punto de partida o de llegada para algo igual de importante que es el diálogo, entendido como contrapunto, entre dos o más personas. 

*Publicada en otra versión por La Voz del Interior en el mes de marzo 2022.

Roger Koza / Copyleft 2022

*Acá se puede consultar programación completa.