EL DESOBEDIENTE, EL SEÑOR MRINAL SEN

EL DESOBEDIENTE, EL SEÑOR MRINAL SEN

por - Ensayos
05 Oct, 2021 03:01 | Sin comentarios
Algunas consideraciones generales sobre la importancia del director indio y una lectura breve sobre tres películas del ciclo programado por la plataforma MUBI.

Los desobedientes siempre están a merced de un juicio apresurado en su contra. Menoscabar a quien intenta algo que no está tipificado del todo en cualquier arte tiene un costo; el paso del tiempo suele compensar las injurias de ocasión y equilibrar los efectos del poder del murmullo anónimo que detiene los cambios. 

En 1969, tras es el estreno de Bhuvan Shome, a Mrinal Sen se le estampó el mote de ser un “Godard de los pobres”, como si ese epíteto fuera un insulto sofisticado y no una involuntaria y justa sentencia sobre la conquista de una estética. El director indio ya había hecho varias películas cuando estrenó un año antes del final de la década de los nuevos cines el film que inauguró la Nueva Ola india, también conocida como “cine paralelo”. Bhuvan Shome es un título parteaguas y fundacional. 

Sen

En efecto, han pasado más de 50 años desde que se estrenó Bhuvan Shome, película de muy bajo presupuesto que terminó de abrir un nuevo camino en el cine indio, giro cinematográfico que ya se podía prever en las primeras películas de Satyajjt Ray y Ritwik Ghatak y que acá se consolidaría como el inicio de algo enteramente moderno. El manifiesto dado a conocer en julio de 1968, redactado por Sen y Arun Kaul, decía: “El nuevo cine… implica métodos y condiciones de hacer cine, una relación entre el artista creador y su público, la conciencia de su cambiante gramática y el poder en expansión del medio cinematográfico y las ambiciones concomitantes. El nuevo cine ofrece al cineasta… la libertad indispensable para realizar su visión, sin ninguna otra consideración que no sea la creativa y la estética… El nuevo cine cree que hay que mirar todo de nuevo, incluidos los viejos valores, y asimismo profundizar en todo, incluidas la mente y las condiciones del hombre”. En esa dirección empezarían sus carreras cineastas clave como G. Aravindan, Adoor Gopalakrishnan, Basu Bhattacharya y Kundan Shah, entre otros, quienes desmarcaron el cine indio de la supremacía de Bollywood y del idioma que pretendió ser el del todo el territorio nacional: el hindi.

Una feliz anomalía

Bhuvan Shome cuenta la historia de un burócrata de ciudad que decide permitirse un tiempo de ocio y emplear las horas libres en salir a cazar patos y otras aves a una aldea típica de la India. Al llegar, primero lo guía un lugareño, luego será reemplazado por una joven muy hermosa que lo acompaña en los distintos intentos, casi siempre fallidos, de dispararles a lo patos. Glosar el argumento ya reviste la dificultad de agrupar situaciones descabelladas que tienden a la perplejidad. ¿Cómo sintetizar la presencia estelar de un búfalo que se obsesiona con el protagonista? Hay otros pormenores y algunos giros inesperados en la trama y en la relación entre los personajes.

En Bhuvan Shome hay dilemas morales y algún que otro drama existencial en ciernes, pero ningún camino específico o género define esta película inclasificable en la que un búfalo aporta secuencias humorísticas, la caza de las aves suma movimientos coreográficos en el espacio y el ecosistema elegido funciona como estímulo estético para la imaginación pictórica del cineasta. 

La hermosura y la libertad predominan de inicio a fin, desde el momento en que Sen reconoce en el inicio a sus compadres Ray y Ravi Shankar, entre otros, como hijos de Bengal, y en todo lo que sigue en términos estéticos: travellings ingeniosos, planos congelados infrecuentes, cambios de escala en el registro impredecibles, elipsis heterodoxas y una lógica narrativa que desafía la linealidad y la evolución del relato. El resultado es, en sentido estricto, extraordinario y paradójico, porque Bhuvan Shome es al mismo tiempo popular y vanguardista. 

Costumbrismo venenoso

La traducción en español del título en inglés del original Ek Din Achanak sería “De pronto, un día…”. La alusión a lo inesperado no es otra cosa que la partida sin aviso de su casa, en un día de lluvia torrencial, de un historiador, lo que deja en un estado de perplejidad y angustia a sus dos hijas mujeres y a su hijo varón, como también a su esposa. El suspenso anida desde el minuto uno, en tanto que la madre y los hijos viven la tardanza del regreso al hogar bajo un estado de ánimo que cifra una preocupación arraigada en los estragos de las tormentas del monzón en una ciudad como Calcuta. Es por eso que, en el inicio, unas fotografías fijas de Calcuta inundada tiñen la posible desgracia familiar de una amenaza mayor que es conocida por todos.

Paulatinamente, el ausente, que acaso ha sido víctima de la inclemencia del tiempo, comienza a ser discretamente cuestionado por todos, una reacción a contramano de cualquier drama de esta índole, de lo que se predica una crítica feroz al lugar privilegiado de los hombres en los hogares de clase media india y asimismo revela el lugar asignado a las mujeres en el edificio social y familiar. Los señalamientos son tan impiadosos como microscópicos, pues del mismo modo que Sen presta atención a la devoción y sumisión de todas las mujeres al padre, no descuida tampoco el maltrato naturalizado de las mujeres de la casa para con la sirvienta, clarividencia de la puesta en escena que tiene su explicación en la abierta admiración de Sen por Karl Marx.

Seres de carbón

En Chaalchitra o “El caledoscopio” un joven escritor tiene el desafío de realizar una nota acerca de la vida cotidiana en un típico conventillo de Calcuta, donde vive con su familia. El requerimiento literario del editor que ha sido amigo del padre del protagonista le permite aprovechar a Sen el imperativo observacional de la tarea asignada para intensificar el retrato de una forma de vida que es la de millones de indios. Lo evidente no es menor: reparar en la contaminación doméstica que produce el carbón como fuente de calentamiento hogareño. Sobre esta desgracia ecológica Sen dice todo lo que se tiene que decir, pues practica una lectura integral sobre el fenómeno: lo que sucede en la casa es lo que se repite en toda la ciudad, y no faltan por eso los planos cerrados y abiertos para testificar el ecocidio. Pero tal denuncia central al relato no impide que Sen preste atención a otros elementos secundarios, en especial al lugar que tiene la superstición en el orden social indio. La subtrama relacionada con un hombre que lee las manos y los reiterados planos fugaces sobre cuadros de Sai Baba sugieren desconfianza y desdén. 

Cineasta total, Sen: en Caleidoscopio se puede constatar su dominio ostensible del ritmo del relato y su concepto general de movimiento que se despliega en la escala de planos y el desplazamiento de la cámara. El registro dialéctico entre ciudad y hogar es admirable, como también lo es la perspectiva política consciente del realizador, que jamás prescinde de una lectura estructural sobre la división del trabajo y la pertenencia de clase. La resolución de la escena aludida que compete al improvisado hombre que se dedica a la quiromancia por pura necesidad de subsistir es ejemplar y denota una posición lúcida y piadosa respecto a la relación intrínseca entre pobreza y superstición.

*Fotograma de encabezado: Bhuvan Shome

Roger Koza / Copyleft 2021