UN DÍA LLUVIOSO EN NUEVA YORK / A RAINY DAY IN NEW YORK

UN DÍA LLUVIOSO EN NUEVA YORK / A RAINY DAY IN NEW YORK

por - Críticas
09 Nov, 2019 08:08 | comentarios
La ligereza le sienta bien al legendario director de Manhattan.

LOS NEURÓTICOS DE SIEMPRE

Una joven de Arizona, estudiante de periodismo de una universidad de segunda categoría estadounidense, viaja con su novio, adinerado y diletante, por un fin de semana a Nueva York para realizar una entrevista a un célebre director de cine que no consigue acopiar éxitos en su carrera, pero sí prestigio. El viaje no promete mayor vértigo que el que puede suponer la exigencia de hacer hablar a un artista de su obra y disfrutar de paso una de las ciudades más estimulantes del mundo. Ese es el plan de los personajes, no el de Woody Allen para estos.

Un día lluvioso en Nueva York / A Rainy Day in New York, EE.UU., 2019

Escrita y dirigida por Woody Allen.

La querible e insípida ligereza del relato y una cierta libertad general prodigan, inesperadamente, algunos encantos y alguna que otra clarividencia de un neurótico que sufre menos si no deja de filmar. Es así que, desde que llegan a Nueva York, Gatsby se dejará guiar por el azar mientras que Ashleigh acompañará por un rato al entrevistado, seguirá con otro famoso de la industria del cine y terminará en la casa con el actor latino del momento. Lo que sucede poco importa, porque todo carece de un peso dramático específico y cada escena está al servicio de sumar gags de todo tpo: la risa de un personaje secundario, una línea en la boca de una mujer cuyo marido la descubre engañándolo y alguna que otra ocurrencia discursiva de Gatsby cumplen con la promesa humorística que le es propia al cineasta.

El existencialismo cómico de otras décadas, que le dispensó prestigio a Allen, sobresale como un remedo del tiempo en el que fue una referencia intelectual del cine, acaso un inconfesable beneficio, porque muchas de sus películas más placenteras son aquellas que no pretenden explicar las madejas de la psique como si una escena fuera el complemento lúdico de un diván y un suplemento de una clase magistral. Es evidente que todas las criaturas de Un día lluvioso en Nueva Yorkson arquetípicos neuróticos de clase media, sujetos que no consiguen del todo disfrutar de los actos cotidianos y de satisfacerse con aquellos que han elegido. Los sentimientos son inestables, las profesiones también, y, para los neuróticos de Allen, todo eso significa irremediablemente una cuota de sufrimiento absurdo del que se desprende lo irrisorio.

Para un film cuyo título remite a la lluvia, la displicencia ostensible para simularla en la puesta en escena es sorprendente; basta observar el fondo de un plano en exteriores para descubrir en lo periférico la prepotencia del sol y la serenidad de los transeúntes. Ese descuido, si lo es, se ve matizado por la hermosa luz que Vittorio Storaro apresa con su lente; su comando de la cámara conjura un poco la reciente pereza de Allen para trabajar la puesta en escena más allá del movimiento de los personajes y el diálogo que los pondrá en contacto.

De los 47 largometrajes de Woody Allen, Un día lluvioso en Nueva Yorklejos está de transformarse en un film indispensable de su obra. Quizás justamente por eso posee un interés moderado: cuando un artista no se siente exigido, sus obsesiones se expresan con menos acrobacias dialécticas y mayor austeridad estética. La cosmovisión del cineasta de los eternos anteojos gruesos es la misma de siempre y se trasluce sin más: el mundo es demasiado banal, la vida en sí carece de sentido, pero esta es aceptable si se encuentra a alguien con quien compartirla.

*Esta crítica fue publicada en otra versión por el diario La Voz del Interior en el mes de noviembre.

Roger Koza / Copyleft 2019