CINECLUBES DE CÓRDOBA (24) / CINEFILIA ONLINE (07): LA COMPLEJA VIDA DEL ESPÍRITU

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12 Feb, 2014 09:34 | comentarios
1957 - Fresas salvajes puerta examen

Fresas salvajes

Por Roger Koza

Mientras se desarrolla el festival de Berlín, con mucha presencia de cine argentino (dos filmes en la competencia oficial y dos películas más en otras secciones, que incluyen filmes cordobeses), el Cineclub Municipal Hugo del Carril (Bv. San Juan, 49) proyecta este mes varios títulos que pasaron y se consagraron en Berlín.

Es interesante seguir la programación cronológicamente para tratar de ver si hay alguna evolución. ¿Qué tienen que ver Fresas salvajes de Bergman y Magnolia de Paul Thomas Anderson? ¿Hay algo en común entre Sin aliento de Godard y Pelotón de Oliver Stone? Ciertas comparaciones son pertinentes, otras son odiosas.

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Fresas salvajes

Fresas salvajes (1957), de Ingmar Bergman, es del año en el que el extraordinario director sueco tuvo reconocimiento internacional. Con esta película ganó el Oso de Oro en 1958 y unos meses antes había ganado el premio especial del jurado en Cannes por El séptimo sello (1957). En aquellos tiempos, un director pesimista como Bergman no tenía que ir contra la corriente. En el imperativo de la felicidad permanente de nuestro tiempo, Fresas salvajes, como tantas otras películas del director, es deprimente, aunque genial y edificante.

Protagonizada por el gran director sueco Victor Sjöström (pionero y maestro del cine silente), Fresas salvajes cuenta la historia de un médico llamado Isak Borg que empieza a sentir la cercanía de la muerte. La secuencia inicial es inolvidable. Bergman muestra un sueño y con una depurada puesta en escena, que combina encuadres enrarecidos y travellings notables, hace transferible la experiencia del médico. Isak camina por una calle sin transeuntes en una ciudad despojada de todo signo vital. Los relojes callejeros han perdido sus agujas. El tiempo se ha detenido. Aparece un carruaje y queda atascado en un poste. Un féretro cae al asfalto. No es díficil adivinar quién puede estar adentro.

El resto del filme alternará recuerdos, ensoñaciones y vida diurna. La trama es bastante sencilla, casi clásica: Isak debe ir a buscar un premio por su trayectoria como médico. En vez de viajar en avión, decide ir manejando y su nuera se ofrece a acompañarlo. De ahí en adelante, hasta llegar a la premiación, Bergman desarrolla su visión del mundo: la crueldad, el egoísmo y el vacío constituyen el transfondo de todas las relaciones, matizado por algunas instancias de amabilidad. El mundo es insoportable pero, paradojicamente, si, en vez de encubrir ese veredicto de la lucidez se expresa el malestar, la vida es más llevadera. (Sábado 15, a las 20.30hs)

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Magnolia

En Magnolia, del quizás mejor director estadounidense de su generación, Paul Thomas Anderson, la vida tampoco parece ser liviana, y no necesariamente por la innecesaria alegoría de la lluvia de sapos del final. Ganadora del Oso de Oro en el 2000, Magnolia es un relato coral que va delineando un padecimiento colectivo no muy diferente al retratado por Bergman. Pero son otros tiempos. Un policía enamorado de una adicta, la relación de una esposa infiel con su marido moribundo, un niño genio obligado a ser la estrella de un programa televisivo de preguntas y respuestas, un gurú de la masculinidad (el mejor papel de Tom Cruise en toda su carrera) y un par de historias más van orquestando este filme operístico pletórico de planos secuencia magistrales en el que la redención personal es una experiencia breve y endeble.

El recientemente fallecido Phillip Seymour Hofmman tiene un papel memorable como un enfermero de un paciente terminal, más cerca del lado luminoso del actor que otras composiciones notables en las que explota su costado siniestro. (Jueves 13, a las 18hs; se repite a lo largo del mes)

Cine en la WEB

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La saoga

La soga (1948), tour de force formal y lúcida reflexión moral, es un ejemplo más de la maestría de Hitchcock. Basada en una obra de teatro, la totalidad de la trama de La soga transcurre en un living de una casa, aunque como ya ocurría en 8 a la deriva, el espacio reducido no impide que Hitchcock transforme el origen teatral en cine. En efecto, mientras dos jóvenes deciden matar a otro en su propia casa para luego ofrecer una fiesta a la que asisten, entre otros, la prometida del cadáver y el mentor intelectual de los asesinos, Hitchcock compone una puesta en escena muy lejos del teatro.

Antes de El arca rusa de Sokurov, La soga fue rodada también en un plano secuencia de 78 minutos, aunque imposibilitado por la técnica, cada 10 minutos se cambiaba de rollo imperceptiblemente. Es muy placentero observar cómo en una misma secuencia el realizador transfigura el plano: un primerísimo plano es seguido de un plano general, y todo parece una coreografía de la mirada en un espacio limitado. La cámara de Hitchcock danza sobre esta pieza macabra, en donde sobrevuelan Nietzsche y Thomas De Quincey, sobre el derecho de matar de los hombres superiores y el asesinato entendido como una de las bellas artes respectivamente, aunque ambas tesis, finalmente, son refutadas por el anonadamiento y retractación del personaje interpretado por James Stewart. (Puede verse gratis en Comunidad Zoom. Aquí)

Roger Koza / Copyleft 2014